jueves, 5 de junio de 2014

Sobre MARUJA ENAMORADA, de Maruja Bustamante y Vivi Tellas



El lunes fui a ver MARUJA ENAMORADA, de Maruja Bustamante y Vivi Tellas, a El Estepario Teatro (Medrano 484 – tel 2004 6507) Funciones lunes 21 hs. 

Utopía
En el primer capítulo de una extraña y a su modo extraordinaria serie británica llamada “Utopía”, cinco peronsajes que sólo se conocen a través de un foro de internet deciden reunirse y se citan en un pub. A riesgo de arruinar la sorpresa de aquellos que quieran ver el capítulo (a quienes invito a no leer estas líneas), diré que la presentación de cada uno de ellos es, en los minutos iniciales, paulatina: primero conocemos su “identidad” en el foro, tal y como lo hacen sus compañeros, es decir a través del “nick name” o “nombre de usuario” y a través de lo que ese nombre escribe/dice. Así nos hacemos la primera idea del personaje en pocos segundos: el personaje es como se llama, y también es aquello que inferimos por lo que dice de sí mismo y del mundo. Y  por cómo lo dice, porque “decir” es “decir-de-un-modo”, es comportarse.

Una vez que nosotros, espectadores, nos hicimos una primera, sintética y potente idea de quién/qué es cada uno, la cámara los toma. El primero es negro, flaco, algo nerd. La segunda es suavemente pelirroja y bonita; el tercero es oscuro, barbado, bizarro; el cuarto, un prolijo “high-class” que escribe de espaldas a una pileta en su penthouse. Y el último, Grant, es un niño. Pero Grant no se ha comportado como tal, no ha dado señales de ser un niño. Ninguno de los demás lo sabe hasta que, por peripecias de la trama, se enteran. Y entonces se lo recriminan: “¿pero vos no manejabas un Porsche?” “Sí”, responde él, “en mi proyección yo manejo un Porsche, ¿por qué no puedo manejarlo?”
Tiene razón.
O no.

¿Quién es Grant? ¿Es alguien? ¿Es un niño? ¿Tiene un Porsche?

Dice Maruja, el personaje de MARUJA ENAMORADA: “soy Maruja Bustamante”.
Dice el personaje: “sufro de erotomanía; es decir: todos se enamoran de mí”.

¿Quién es Maruja? ¿Quién la ama? ¿Quién la ve?

Sintesis Argumental
La reconocida dramaturga, directora y actriz del teatro independiente de Buenos Aires, Maruja Bustamante, relata, revive y exhorciza fragmentos de su biografía amorosa, entre canciones, fotos, videos y objetos. La acompaña Iti el Hermoso, quien, por supuesto, está enamorado de ella. Como yo.

El lazo de Hamlet, el oscuro
La relación entre el teatro y la verdad, el conocimiento, e incluso el autoconocimiento, es un tema que ha recorrido buena parte de los veiticinco siglos de su historia. Aquí mencionaremos un aspecto que aparece en su tempranísima juventud griega, otro  –o tal vez el mismo- que es observado y puesto a prueba por la enérgica madurez isbaelina, y una variación curiosa y templada, hija del optimista siglo diecinueve. Vamos por partes.

“El drama será el lazo con el que atraparé la conciencia culpable del rey”. La frase pertenece a una escena clásica del barroco shakespereano: Hamlet tiene que vengar la muerte de su padre, matando al rey Claudio, su tío, usurpador del trono y de la cama de la reina, su madre. El mandato lo recibe de un fantasma que no sólo él, sino su mejor amigo Horacio y dos guardias de la fortaleza-castillo de Elsinore, ven. El fantasma, enorme portento, le habla varias veces y lo conmina a la acción. Pero Hamlet duda. Es decir: no sabe si creer. Entonces se hace el loco, para sacar de mentira verdad. Y lo logra: ve cómo el rey manda a espiarlo, ve cómo se cierra el complot. Pero sigue dudando. Y entonces llegan a la corte los actores. Y él ve lo que los actores hacen con la ficción: ve cómo el actor se conmueve –fingiendo, es decir: actuando conmoverse- al recitar la tragedia de Príamo, y se pregunta cómo él mismo, que tiene razones “de verdad” para verter lágrimas, no puede hacerlo. Y allí resuelve: los actores “actuarán” frente al rey, sin que el rey lo sepa de antemano, el asesinato de su padre. Y él, Hamlet, observará al rey mientras el rey observa a los actores actuar su crimen. Y así, ficción mediante, atrapará la verdadera conciencia del asesino y traidor.

Hamlet ve fantasmas y duda. Hamlet ve evidencias y duda. Pero Hamlet ve la actuación, y cree. Y a través de la representación atrapa una conciencia. Da fe.

La función del arte isabelino, la función del teatro declarada por el mismo Hamlet en la enorme pieza de Shakespeare, es poner un espejo a la naturaleza para mostrar su verdadera imagen. Esa “naturaleza” es la verdad, la más profunda verdad, y solo se revela en el espejo, en el artificio de la imagen.
MARUJA ENAMORADA es, en ese sentido, un relato ficcional que devela una verdad profunda que no podía ser vista. ¿No podía ser vista? ¿Cómo? ¿No se trata acaso de historias verdaderas tomadas del material biográfico de la actriz? ¿Por qué “ficcional” entonces?

Bueno. ¿Grant es un niño? ¿Yo soy lo que digo que soy?

Saber o no saber
Nuestra biografía es un relato. Es lo que contamos que hemos vivido. Es el modo en que lo contamos. Es lo que creemos que hemos vivido.

Hacia el final de la tragedia Las bacantes, de Eurípides, la reina Ágave, en un estado alterado de conciencia, exhibe la cabeza de Penteo, su propio hijo descuartizado por ella misma, como si se tratara de la cabeza de un animal. El viejo y sabio Cadmo tiene el poder de “curarla”, de hacerla volver a la razón. Pero eso significa hacerla comprender que ha matado a su hijo, y entregarla al dolor de vivir con esa conciencia el resto de su vida. Entonces Cadmo duda. Se pregunta si es mejor saber, si es mejor ser conscientes de nuestros actos, de sus raíces y de sus consecuencias.

Y resuelve que sí. Que es mejor que la madre sepa. Y le devuelve la “razón”. Y con ella, la desesperación.
Cadmo le cambia a Ágave un relato (maté a un león y aquí está su cabeza) por otro: maté a mi hijo, y aquí estoy yo. Ambos relatos son biográficos. Saber o no saber. Vivir o no vivir.

En las grietas del relato biográfico de MARUJA ENAMORADA se cuela el dolor. ¿Qué es mejor para nosotros?

El Tao del Sexo
Al final de un hermosísimo ensayo de El Tao del Sexo[1] esta tarde en el Cervantes, con Majo Gabin y Raúl Rizzo, charlamos con Laura Gutman, la co-autora, que nos visitó. Yo les hablé de lo que denomino “teatro terapéutico”, que es aquel teatro –muy presente en las postrimerías del siglo diecinueve y primera mitad del siglo veinte- que confía en la siguiente premisa: los personajes, en el climax de la obra, podrán finalmente decir y confrontar con la verdad (o su verdad), y esto los destruirá o los sanará. Esa verdad suele ser emocional, social y personal al mismo tiempo; es la confrontación –biográfica- de Nora Helmer ante Torvald en el clásico de Ibsen: mi vida entera y sobre todo mi matrimonio, ha sido un juego / un relato, en el que yo era una nena y vos mi tutor. Qué quiero: ser adulta. Y por eso me voy.

El Tao del Sexo no opera con esa confianza milagrosa en el poder de la confrontación dramática. No cree que el escenario resuelva, no cree que la escena finalmente cure o destruya. Pero deja la posibilidad latente, para que el espectador se la lleve.

Al final de MARUJA ENAMORADA  mi mujer, Carolina, los ojos bañados en lágrimas, me dijo: “quiero abrazarla”.

La biografía humana
Valga esta atípica reseña (de una hermosa y atípica obra), para recomendar el libro de mi amiga Gutman, “La Biografía Humana”. Es un libro sobre un método de indagación personal que parte de una premisa, si se quiere, teatral: el patriarcado nos fuerza a todos a construir un “personaje” desde la primera infancia, para poder sobrevivir a su terrible desamparo; un personaje hecho de palabras de otros que responde al deseo de otros, y del que no somos conscientes.

La respuesta de Eurípides al libro de Gutman sería: “es mejor saberlo, es mejor descubrir de qué estamos hechos”.
La respuesta de Hamlet sería: “el teatro nos permite atrapar esa conciencia”.
La respuesta de Ibsen sería: “si podemos decir de qué estamos hechos, podemos cambiarlo”.

La respuesta del biodrama, la dolorosa respuesta de MARUJA ENAMORADA (y a su modo de El Tao del Sexo) es más simple, material y urgente:
“Aquí estoy: este es mi cuerpo, este mi relato”.

Que el espectador, su corazón y su conciencia, puedan tomarlo.


[1] Actualmente en ensayos. A estrenarse en el Cervantes el 4 de julio.

viernes, 25 de abril de 2014

Sobre LA FIERA, de Mariano Tenconi Blanco



El domingo 30 de marzo, en el marco de la Selección de Obras del INT, fui a ver La Fiera, la leyenda de la mujer tigre, de Mariano Tenconi Blanco, a El Extranjero (Valentín Gomez 3378 – tel 4862-7400). Funciones: domingos 21 hs

Qué buen culo, dijo el Jefe (de Gobierno)
El mismo día, 24 de abril de 2014, el diario Clarín en su versión on line publicaba dos noticias, distanciadas una de la otra pero íntimamente unidas. La primera se titulaba así: “la violencia de género, sin freno: se denuncia un ataque por hora”. La otra: “Macri tuvo que pedir disculpas”. La primera es un extenso recorrido sobre las cifras escalofriantes de la provincia de Buenos Aires, donde cada hora una mujer es golpeada y cada día, tres son abusadas sexualmente. Pero el dato más alarmante, en juego con la segunda noticia, es este: en el 84% de los casos denunciados, la llamada la realiza la propia víctima; sus parientes sólo llaman el 7,6%. Dicho de otro modo: a quién le importa. O, dado que la mayoría de los abusos, golpizas y humillaciones suceden dentro del ámbito familiar: son cosas de ellos…

La segunda noticia se refiere, sucintamente, al pedido de disculpas twitteado por el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tras haber dicho que “a todas las mujeres les gustan los piropos, aunque les digas qué lindo culo tenés”. La noticia es breve. Soslaya el contexto en que aquella declaración fue dicha: un comentario radial sobre la figura del acoso callejero, una de las formas más difundidas de la violencia verbal contra las mujeres –siete días atrás se había celebrado la Semana Internacional contra ese tipo de violencia-. La solicitud de repudio a esas declaraciones no fue aprobada por la Legislatura porteña; el oficialismo sencillamente explicó que con las disculpas alcanza. El Jefe de Gobierno, por su parte, se justificó aduciendo que una de sus hijas lo llamó para retarlo, y que había hecho su comentario “desde la galantería”.

La tesis que une ambas noticias es esta: el abuso sexual, la violación, la violencia verbal, psicológica y física sobre las mujeres no es una anomalía en nuestra sociedad. El abusador, el violador, el golpeador, no son especímenes enfermos, desviados, o psicópatas y punto. Son, por el contrario, un nítido producto del patriarcado: son la conducta capilar, cotidiana, visceral, estructural, del orden de géneros vigente en permanente reproducción, sólo que elevada a un nivel en el cual se hace visible y se convierte en el espejo vergonzante de la conducta social. El patriarcado, esta milenaria y global estructura de dominación sobre las mujeres, no tiene contraparte, ni alteración ni revolución en agenda que la amenace; sólo la resistencia, a veces heroica y en situaciones de abrumadora desventaja, del trabajo de visibilización y concientización.
Es en este marco, o mejor dicho, es este marco el que posibilita la aparición fulgurante de la leyenda del vengador (en este caso, la vengadora): entre las sombras del callejón, entre los árboles de la noche, tras la ventana semiabierta de un baño de varones, acecha la Mujer Tigre, castradora de abusadores, bebedora de su sangre.

Síntesis argumental
Una mujer tigre narra y canta las peripecias de su venganza sobre los hombres que han abusado de mujeres.

Cómic
La estética del afiche de La Fiera se hace eco de esta reflexión: la leyenda del vengador oculto es afín al cómic, como lo es también el hombre/animal. Por un lado, el hombre lobo, el vampiro, el hombre mono, el humano de dos naturalezas, es una figura legendaria. Por el otro, el plural de “Vengadores” dio lugar al mayor éxito de traslación del cómic a la pantalla grande en toda la historia del cine. La fiera que vemos en el teatro no está vestida de animal, casi nada en ella remite a esa naturaleza (excepto, claro está, el acento de su conducta física). Pero por supuesto: tiene calzas de un furioso azul eléctrico, al mejor estilo Capitán América…

Es común en estos personajes, cuando arriban al nivel de drama (a veces, desde el principio; a veces, en el devenir de su desarrollo), el encuentro con la contradicción. El animal no quiere convertirse en humano. O el humano que ha sido animal, se arrepiente y lamenta la desmesurada violencia que ha desatado, aunque finalmente deba volver a convertirse en monstruo para concluir, justicieramente, su venganza. A veces muere allí, sacrificial. A veces huye. A veces se oculta. Es la línea del lobizón, del increíble Hulk, del vampiro enamorado. Pero también el vengador llega a preguntarse si lo que está haciendo es un acto de justicia o un acto de revancha. Llega a pensar, a debatirse, a detenerse en una extrema tensión: piensa si lo que hace es por placer, por fama, porque ha caído en el espiral de la violencia, porque no puede detenerse, porque lo disfruta. ¿Qué busca Batman? ¿Qué se plantea el líder homínido del Planeta de los Simios cuando su rebelión ya se ha desatado? Piensa, en un instante en que tal vez contemple su hybris, si debe seguir.

En el caso de la obra de Tenconi Blanco, por el contrario, la desmesura del enemigo –el patriarcado- es tal, que la vengadora oculta permanece al nivel de la pura acción: va hacia delante. No se cuestiona, no se arrepiente, no duda de lo que hace. Solo se enfrenta con fuerzas exteriores. Cómo sortearlas es el exclusivo motor de la peripecia. El equilibrio que busca está afuera. Y está muy bien que así sea, en este principio de la saga. Y digo “saga” porque la sensación final, al término de esa exquisita fiesta musical y narrativa que es La fiera, es la de expectativa, la de esperanza de un segundo acto en el que el héroe se enfrente a sí mismo. Puede no ser en esta obra. Ni en este autor. Pero, si la resistencia da sus frutos, sucederá.

Bonus track 1: La destreza
Por supuesto, no se trata sólo del análisis del texto o de la trama, del mito y de lo que revela de nuestra sociedad. La fiera es, teatralmente, el extraordinario unipersonal de una Iride Mockert en su máximo despliegue: narra, actúa, canta, baila, y el público aplaude de pie.

Bonus track 2: La reiteración de la sangre y la justicia
La pregunta de la justicia en su vertiente vengadora: ¿Cuánta sangre es necesaria para sentir que es suficiente? La fiera se detiene una y otra vez en la misma imagen: el tigre bebiendo y bañándose en las vísceras de su víctima. Una y otra vez. Se detiene. Clausura el movimiento de su acción. No lo trasciende. No es suficiente. Porque la pregunta no ha sido aún formulada. Pende del aire. Para la obra. Para la sociedad.

Bonus track 3: El arpa y la guitarra
Decíamos en la reseña anterior, sobre Entonces Bailemos (para leerla, click aquí), que la selección de obras para el Instituto Nacional del Teatro reveló la abundancia de música en vivo en el circuito teatral de pequeño formato de Buenos Aires. Sobre todo, lo que empieza a ser denunciado como procedimiento y levemente parodiado: la guitarra. En la propia obra se critica que la guitarra sea “country”, que sus canciones sean en inglés, y que no haya algo de folklore local. En el caso de La fiera, el instrumento popular muta en algo cercano a la orquestación. Arpa, teclado, percusión, cuerdas. Toda la creación de los músicos Sonia Alvarez e Ian Shifres, para deleite del público.

lunes, 14 de abril de 2014

Sobre ENTONCES BAILEMOS de Martín Flores Cárdenas

El sábado 29 fui a ver Entonces Bailemos, de Martín Flores Cárdenas, a El Camarín de las musas (Mario Bravo 960 – tel 4862-0655). Funciones sábados 23 hs.

Entonces narremos
El narrador literario no tiene cuerpo. En sentido estricto, la narrativa elimina el cuerpo y lo sustituye por una voz incorpórea, esa saussureana huella de la ausencia: allí donde el cuerpo es referido, el cuerpo no está. Por eso puedo leer del mismo modo una novela en el baño, en el subte o en la cama. La novela no cambia. Está escrita para ser leída en esos lugares, en silencio, mentalmente y sin cuerpo. Ustedes me dirán: Ignacio, ¿un cuerpo que defeca, que viaja aplastado por metrovías o que yace expectante en la cama no está presente? Bueno. No estoy diciendo que el cuerpo del lector no se modifique por la lectura; todo lo contrario. Es posible que nos duela la panza, que nos emocionemos, que se nos ascelere el corazón o que se nos caiga el libro sobre la nariz al quedarnos dormidos. Pero todo, absolutamente todo, sucede en nosotros, lectores: dentro y con nosotros. Afuera no hay nada. El libro es una interfaz, una señal, un registro, lindante al vacío, que indica lo que no está, y permite que se constituya en nosotros. Se trata de nuestro cuerpo. Solamente. El resto es ausencia.

El teatro, por el contrario, sólo tiene cuerpo presente y exterior. Es materia tridemensional, organicidad física, sonora, visual. Sensorial. Los actores están ahí, fuera. Son sus cuerpos. Y lo que sus cuerpos hagan. No hay ninguna interioridad. Y ustedes me dirán: pero Ignacio, los actores lloran, los personajes se enojan, Norah Helmer comprende su vida en un instante escénico. Y yo diría: bueno, eso es creerles demasiado. Equivale a la ilusión maravillosa de que podemos comprender al otro, de que podemos conmovernos con el otro, que podemos empatizar. Y está bien. Pero es el otro. Su cuerpo, su invisible interioridad, en juego con nuestras emociones. No hay voz interior, a menos que uno crea que escuchar a un personaje en escena decir “soy feliz” es la confirmación literaria de su felicidad interiror.

El teatro porteño (una buena parte de su heterogéna microdiversidad, digamos) se inclina últimamente por las narraciones a público en detrimento del viejo truco de la interacción dramática. Buena parte –y la selección de obras de CABA para la Fiesta Nacional del Teatro en Jujuy, que perpetramos el gran Román Podolsky, la aguda Majo Gabin y yo, da buena cuenta de esto- se para frente al público y dice (o implica): “te cuento una yo”.

El acto es un desplazamiento. Es un moderno retorno a uno de los orígenes del arte escénico –la narración oral-, y una mirada distante, algo crítica, sobre la vigencia de las convenciones de la dramática tradicional, aristotélica, donde los personajes se presentan ante nosotros en acción.
Entre las infinitas variaciones, riesgos y hallazgos posibles de este desplazamiento, Entonces Bailemos es una lúcida manifestación finamente ejecutada.

Síntesis argumental
Cinco actores y un músico relatan amores, paradojas y desencuentros alrededor de un sommier riutal, con guitarra country de fondo -y de frente-. Cuando todo se eleva, los cuerpos bailan.

Raimundo y las paradojas
Martín Flores Cárdenas ha trabajado sobre la narrativa, en interesantes adaptaciones de Carver.  La paradoja del hombre común, lo sugestivo apenas narrado de aquello que está a punto de suceder, o que sucede un poco al costado, un poco adentro, un poco en algún lugar inaccesible, es una virtud que Martín pone en escena. Recuerdo la (también bailada) adaptación breve, exquisita, llamada Quienquiera que hubiera dormido en esta cama, cuya reseña puede leerse haciendo click aquí: http://la-diosablanca.blogspot.com.ar/2009/06/sobre-quienquiera-que-hubera-dormido-en.html

En Entonces Bailemos al “Martín Carver” explícito le da pudor y se esconde debajo del sombrero country de Julián Rodríguez Rona. Pero se esconde como esos niños que quieren ser vistos. Ahí estás. Piedra libre. ¡Buen trabajo!

Emoción, llanto, inacción
Unas pocas reflexiones más. Esta es sobre el llanto. Más de dos décadas atrás Federico León puso en escena la mítica Cachetazo de campo donde dos mujeres lloraban a explícito moco tendido desde el principio de su diálogo. Moco a moco dialogaban e interactuaban. El llanto era terriblemente real; Federico llegó a declarar que la obra surgió directamente de la insólita capacidad de estas actrices de llorar así como así. Por supuesto, el llanto podía provocar risa, algo de asquito, y algo de curiosidad. Pero no empatía; no conmoción. El vínculo platea-escenario no es directamente empático.

En esta línea, las historias que la obra de Flores Cárdenas narra provocan distintas emociones en la platea. Los actores, con gran eficacia, trabajan las variaciones entre su propio estado, su complicidad con el público, y la materia que narran. Los casos de extrema evidencia son los del (notable) Marcelo Mininno, cuya actitud narrativa tensa el contenido hacia una interioridad suspicaz, y la de Florencia Bergallo, reedición clásica de aquellos llantos del campo, disociados del contenido de la narración.

Guitarras
Otra de las evidencias que deja el precioso debate del jurado de esta Selección de Obras para la Fiesta de Jujuy es la omnipresencia del número musical –en su mayoría, levemente parodiado-. Dicho burdamente: si no pelás guitarra y micrófono en medio de tu obra, no entendiste cómo hacer teatro en el Buenos Aires de esta década. Reviso a velocidad: Entonces bailemos tiene la guitarra country, Malditos Todos Mis Ex, guitarra más el tierno potpurrí noventoso de la biografía de sus autores (tan bien ejecutado). La Fiera (próxima reseña en este blog), está “más cerca del arpa que la guitarra”: literalmente, su exquisita banda musical en vivo estiliza las cuerdas. Hay también piano y percusión. Y dentro de los 12 seleccionados de la muestra, además de estos tres, A mamá, de Cacace, tiene guitarra y canción. Siento cosas por mí, tiene, al igual que Entonces bailemos, un guitarrista constante. Perro, mujer, hombre, tiene tecladista y cantante que, en cierto momento, condesciende a las cuatro cuerdas. Mau mau, o la tercera parte de la noche es, bien vista, una continuidad musical puesta en crisis. Tengo algunas hipótesis de la razón dramática de esta saturación. Comparto una de ellas, que dice así:

La progresión dramática de una acción central ha dejado paso, en muchas de estas obras, a la yuxtaposición de: a) tópicos independientes –Entonces bailemos, b) momentos fragmentarios de un campo temático –Mau Mau, Siento cosas por mí, Malditos…- c) cuadros sucesivos de una misma situación o variaciones sobre ella –A mamá; Perro, mujer, hombre. El momento musical, o fondo musicalizado, comenta con ironía, pone de relieve o esconde la argamasa que une los distintos cuadros.

El cuerpo ritual
Y el cuerpo. Entonces bailemos propone “rutinas corporales” (sobre la cama, fuera de la cama, entre dos cuerpos, entre cuatro, bailando, zapateando, parodiando) de una eficacia arrolladora. El discurso narrativo, tan explícito, se conjuga con esta exquisita corporalidad ritual que eleva y da sentido a la presencia de los oficiantes (actores) que hacen algo que es mucho más que contarnos algunas historias. Están allí. Y sus cuerpos se proyectan.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Sobre EL AÑO DEL MAL



Queridos lectores, seguidores de este blog de reseñas teatrales y visitadores esporádicos, estoy por cortarme el pelo al ras con una máquina número 3, si consigo alguna peluquería masculina en precio que no tenga una cola de dos horas –el sábado previo a Navidad escasean la nafta y los peluqueros-, para decretar el Final de la Temporada y el inicio de mis dos semanas y media de vacaciones. 

Quiero compartir con ustedes proyectos, logros y esperanzas; la primera de todas: poder seguir escribiendo reseñas en La Diosa Blanca el año que viene. Estos breves ensayos teatrales, que escribo cuando puedo y como puedo, desde el lugar de un colega en actividad que busca abrir espacios y multiplicar lecturas, se mantienen con esfuerzo vocacional y sólo con eso: con la esforzada presencia  y mirada sobre las obras de los demás, esas obras que nos nutren a todos. 

Este ha sido, para mí, “El Año del Mal” porque subí con felicidad a escena en mi propio espectáculo, EL MAL RECIBIDO, durante cinco meses, desde un lugar experimental que me ha llenado de lo que debe llenar el experimento: de experiencias por fuera del “perímetro”.  EL MAL volverá a escena el año que viene, los sábados de Agosto y Septiembre a las 20.30 en su lugar en el mundo: el Teatro MACHADO, que nos fomentó, nos dio continuidad, y a quienes les agradecemos de corazón. 

Después de casi cinco años de espera, el libro “ROSA MÍSTICA Y OTRAS OBRAS” será publicado por Editorial Colihue en marzo de 2014. Este libro contiene cuatro queridísimas obras: Rosa Mística; Genealogía del niño a mis espaldas; Trío para madre, hija y piano de cola; y  Doble Mortal, más un espléndido estudio crítico de cada una de ellas a cargo de Jorge Caputo –gratitud eterna a su inteligencia y dedicación- y una biografía (in)completa del autor, que viene siendo yo hasta mi actual circunstancia. Ya los convocaré a la presentación, que será, por gran consejo gran del gran Mauricio Kartún, un Seminario de Procedimientos Dramatúrgicos de dos jornadas, de inscripción gratuita, basado en esas obras. 

Después de no cinco, sino trece años desde que comencé a escribirla, mi novela “LA APROPIACIÓN” será publicada, a mitad de año, por Editorial Interzona. Este es uno de los logros más invisibles, me parece, de la perseverancia  en el tiempo. Escribí, recibí un premio y publiqué mi primera novela, “MEMORIA FALSA”, al mismo tiempo que iniciaba mi carrera como dramaturgo, allá en 1995. Luego de esa escritura y publicación, escribí una veloz segunda novela, “LA CINTURA DE BARRO”, que recibió una mención en el Fondo Nacional de las Artes y nunca se publicó. Tres años después, insistí en la narrativa proponiéndome un proyecto de largo aliento: escribir una novela sobre una niña sorda y su profesor de Artes, sin saber nada sobre los sordos y su lengua de señas, ni de artes… Me llevó tres años  escribir el primer borrador, enorme, y ocho años corregirlo, concursar y fracasar y buscar editores y volver a fracasar (incluso en una incursión en Interzona, hará seis años), y desalentarme, y regresar. Y finalmente, la novela se publicará. Gracias a Elsa Drucaroff y Rosario Lucesole Cimino por sus lecturas y su apoyo. Y a Guido Indij, de Interzona, por su buena recepción. 

El 27 de junio de 2014 se estarán cumpliendo casi 4 años desde que Laura Gutman, luego del esforzadísimo estreno de nuestra obra POSTPARTO me dijera: “Ignacio, salió buenísima, pero ahora tengo una idea para una nueva obra de teatro, sobre un encuentro/desencuentro de una pareja, en la que expresaríamos la mirada parcial pero profunda de cada uno de ellos”. Cuatro años después, estrenaré como director en el TEATRO CERVANTES nuestra segunda obra en colaboración, EL TAO DEL SEXO, con un elenco fascinante: María José Gabin y Raúl Rizzo. “El Tao del Sexo”, que terminamos medio a las apuradas, en encuentros parciales, allá en octubre de 2011, ganó sin que pudiéramos preverlo, el premio internacional Casa de las Américas, en Cuba a principios de 2012, y el premio Regional del Instituto Nacional del Teatro, y cuando todo hacía prever que ese sería su año, la producción se hizo cuesta arriba: meses y meses para conseguir elenco y sala, el rechazo sin pena y sin gloria en el circuito oficial en esa oportunidad y lo peor de todo: el irresponsable y despectivo sí de un actor –de cuyo nombre no quiero acordarme–, un sí que mantuvo durante cinco largos meses, envalentonándonos incluso con comandar una producción independiente, hasta que justo el día anterior de iniciar los ensayos, sólo por mail y sin levantar el teléfono, declaró que la había vuelto a leer (yo creo que, en realidad, la leyó por primera vez) y le parecía que “no era lo que quería actuar en este momento”.  Pero ya leímos el I Ching: es propicia la perserverancia. El 2014 será el Año del Tao, en las mejores circunstancias posibles. Chin chin. 

Gracias a la invitación especial de Carlos Ianni, armé un proyecto teatral que ahora ya es obra escrita, en colaboración con la periodista Alejandra Toronchik, y que lleva por título LA VERDAD –VARIACIONES SOBRE UN MANUAL DE ESTILO–. El lunes tres de febrero, a las 14 horas, comenzaremos los ensayos en el CELCIT con este maravilloso elenco: Héctor Da Rosa, Teresita Galimany, Juan Lepore y Victoria Onetto, y estrenaremos el domingo 6 de abril a las 19 hs!

Junto a mí, recién llegaditas del despacho del Dr Couto, están las dos cajas con las obras de teatro de los bienios 2008/2009 y 2010/11 presentadas al querido PREMIO MUNICIPAL, que abren la temporada de Jurado –toda una etapa para mí. El 19 de enero, en un vuelo de Copa Airlines vía Panamá estaré embarcando hacia La Habana, Cuba, invitado por dos semana a ser jurado del Premio Casa de las Américas, todo un orgullo internacional: obtuve una Mención por “Un blanco en la memoria” en 2003, que luego estrené en el San Martín como “Trío para madre, hija y piano de cola”. Y el Premio junto a Laura Gutman hace dos años. Ahora iré como jurado. Lo que me lleva al último y más duradero período como jurado: habiéndome presentado a Concurso Público de Antecendente y Oposición, ayer recibí la notificación final de que fui nombrado jurado de Calificación de Proyectos del Instituto Nacional de Teatro período 2014/2015, por la Región Centro. Contento, un poco agobiado, un poco agotado, con todo por delante, brindo entonces por el Año del Mal. 

El año que vio realizarse un proyecto soñado con mis alumnos: la escritura, producción y puesta en escena, en menos de 9 meses, de un espectáculo conjunto pensado por Dramaturgos: 9 de obras, presentado en Machado en octubre y noviembre. Y que me tuvo en la querida EMAD como profesor del Taller de Dramaturgia pero también en las materias nuevas para mí Texto y Espectáculo y, próximamente, Nuevas Dramaturgias. Espero poder acompañar a los dramaturgos en formación y estar a la altura de sus expectativas, tanto en la EMAD como en los talleres prácticos del Estudio de Kartun, y en el proyecto especial de producción de Machado 2014. 

GRACIAS A TODOS por estos años de acompañamiento en este BLOG: 2008-2013 son cinco años, toda una etapa. Ahora intentaré combinarla con lo que estaré viendo en Buenos Aires y en el interior en mis nuevas tareas docentes y de jurado. 

A todos los que estuvieron y estarán, en las buenas y en las malas, ¡FELIZ AÑO!

Parto a buscar un peluquero o una maquinita para ejecutar el acto por mano propia. Quiero estar prolijito para esta noche, en la que la amadísima dupla Luna Apolo Álvarez y Carolina Álvarez Gattelet subirán juntas a un escenario a hacer un show de danza. No son bailarinas, por supuesto. Son madre e hija. Una niña de 5 añitos -como este blog, que está dedicado a ella, a la luminosa e inspiradora Luna de los mitos: la morena diosa blanca, de la vida y las historias.