miércoles, 17 de junio de 2009

Sobre EL PRESTAMISTA QUE CITABA A GÖETHE, de Alfredo Martín


El viernes fui a ver EL PRESTAMISTA QUE CITABA A GÖETHE, de Alfredo Martín al Teatro El Búho, Tacuarí 215. Viernes 21 hs

Mick Jagger, 1968
El cinco y seis de junio de 1968 la banda The Rolling Stones grababa en los estudios Olympic de Londres la que sería la primera canción (Lado A, 1) de su álbum Beggars Banquet cuando, del otro lado del Atlántico, el joven Sirham Bishara Sirham disparaba a quemarropa en un pasillo del hotel Ambassador contra varias personas, entre las que se encontraba su “target”, el senador Robert Francis Kennedy, quien murió horas después en el Good Samaritan Hospital de Los Ángeles.

La muerte de RFK produjo el agregado de un par significativas sílabas en la letra de la mítica (y muy peculiar) primera canción del disco durante su grabación definitiva un par de días más tarde (entre el 8 y el 10 de junio): en lugar del original I shouted out “Who killed John Kennedy?”, Mick corrigió I shouted out Who killed the Kennedys[1], para cerrar con el verso por todos (?) conocido: When after all it was you and me –cuando después de todo fuimos tú y yo–.

Entre las maracas de Bill Wyman y las congas con ritmo de samba (¡en una emblemática canción de rock!) de Rocky Dijon y Brian Jones, sobre el piano de Nicky Hopkins y el antológico desdoblamiento del gran Keith Richards (de la guitarra al bajo que guía el tema), canta, chilla y recita Mick Jagger su just call me Lucifer[2].

All the sinners, saints
Solo un par de meses más tarde, en aquel célebre y convulsionado 1968, Martin Luther King era asesinado; en el marco de las mayores revueltas raciales y las grandes protestas contra la guerra de Vietnam, la canción Street Fighting Man fue acusada de incitar a la subversión y boicoteada por las emisoras de radio tan ferozmente que la distribuidora London Records retiró el single de circulación. Este escándalo tapó parcialmente el revuelo de acusaciones de “satanismo” contra los Stones y su tema Sympathy for the Devil hasta que, un año y medio más tarde, mientras el grupo tocaba ese mismo tema en un concierto gratuito en Altmont, California, se produjo un altercado entre el grupo de motoristas encargado de la seguridad, los “Hell’s Angels[3]”, que terminaría con la muerte del joven Meredith Hunter. La canción, aunque para el momento de la muerte ya había terminado y la banda interpretaba Under My Thumb, se vio salpicada por la tragedia y los Rolling no volvieron a tocarla en los siguientes ocho años.

El prestamista que… Síntesis argumental
Rusia, segunda mitad del siglo diecinueve. Un militar degradado, en su retiro, ejerce el despreciado oficio de prestamista en un pequeño local de empeños de provincia. Gracias a los oficios de una celestina, consigue a buen precio una esposa joven de quien fatalmente se enamora. El austero y solitario prestamista podrá, eventualmente, perdonar la infidelidad de su mujer, pero no salvarla de su propia destrucción.

La religión y el mal
La cita del prestamista es de Johann W. Von Göethe, y reproduce el modo en que Mefistófeles se presenta a sí mismo por primera vez en el Fausto. “Soy una parte de esa fuerza que siempre quiere el mal, y sin embargo engendra el bien”. El prestamista se la recita a la que será con el tiempo su amada a modo de presentación de sí mismo, el primer día, aquella primera hora recordada, en la que la joven casi indigente pretende empeñar unas baratijas.

La obra está plagada de signos, símbolos (e íconos) religiosos: la mujer muerta que yace bajo las imágenes sagradas, la Virgen y el Niño (el despreciable, inhumano prestamista, ofrece quedarse con el marco de plata y devolver la imagen, que no obstante le quedará y reavivará -tal vez- su humanidad), y también de los símbolos y tradicionales estereotipos del mal: el oficio deshumanizado, anticristiano del prestamista, el pudor pecaminoso del dinero, la celestina que mercadea a la joven y desequilibra la subasta entre el usurero y el obeso comerciante; la debilidad, cuyo “nombre es mujer” –la remanida lujuria de la hembra joven.

Podría la obra, por estas múltiples razones, ser acusada de alegoría, de una suerte de auto de fe catequista de la ortodoxia, que expulsa al alma humana hacia afuera de sí misma, y la alerta vigilante y temerosa, bajo amenaza del Tentador en sus múltiples formas: dinero, lujuria, gula, cobardía, deshonor. Pero en el mundo literario ruso, del cual abreva, las formas no son simples ni maniqueas. No se trata del liso y directo anatema puritano, heredero de Salem y primo de inquisidores, con el que la Compasión por el diablo puede ser perseguida como culto satánico. En la lejana Rusia (aquí mismo) crimen y el castigo se confunden, y el alma humana es un paño tornasolado de límites indecisos.

As head is tails / cara es cruz
La infidelidad criminal es, a la vez, el fruto de la desatención y la imposibilidad de demostrar afecto; el deseo imperioso contrasta y reverbera en el núcleo duro de la moral patriarcal, que no tolera el sexo en la pureza y necesita escindir virtud de sexualidad y proponer el oxímoron (la contradicción) como dogma: virgen-madre. El hombre no tolera su propio apetito y a la vez su inapetencia. Ser prestamista no es ser malvado sino vengativo, es ser el Krogstadt despreciado antes que despreciable, y a la vez necesario; es una venganza personal, inútil y destructiva, “contra la sociedad”.

Las armas las carga el diablo
No se devela un final –puesto que la obra comienza con un cadáver– si se habla del suicidio. No perdonarse a sí mismo es pecado de soberbia. También lo es, y más todavía, no tolerar ser perdonado. Si hubiera un diablo presidiendo la acción, sonreiría en el momento en que parece salir el sol. Pero mal que le pese a la cita de Göethe, el prestamista no tiene ya a quien vender su alma ni a quien comprar una mujer: la obra, la tragedia, la encrucijada, están en su propio interior. De allí, la memoria. Él, por quien han muerto, no se mata. Por eso la memoria –su esperanza y su tormento–. La novedad del siglo ruso no es la muerte de Dios sino del Diablo; el Demonio y todas sus obras regresan, tortuosas, a la humanidad –esa fuerza que torpemente quiere el bien, y sin embargo engendra el mal–.

Por último: la defensa, si es que alguna vez fue necesaria, del viejo Mick del 95 fue explicitar que el tema de su canción “no era la magia negra ni todas esas estupideces”. Era, más bien, criticar la hipocresía de la propia humanidad al levantar una figura metafórica del mal en lugar de buscarlo en su interior:
“who killed the Kennedys?” –you and me.

Letra y música
Un video en vivo de la banda tocando la canción puede verse (y disfrutarse) haciendo click aquí.

Las lyrics del gran Mick rezan:

Just as every cop is a criminal and all the sinners, saints
as heads is tails, just call me Lucifer
‘cause I’m in need of some restraint
So if you meet me, have some courtesy
have some sympathy and some taste
Use all your well learned politesse, or I’ll lay your soul to waste.
[4]
........................................
[1] En lugar de “Grité: ¿Quién mató a John Kennedy?”, “Grité: ¿quién mató a los Kennedy?”
[2] Llámame simplemente Lucifer
[3] Ángeles del Infierno
[4] Así como cada policía es un criminal, y todos los pecadores son santos
cara y cruz son lo mismo, llámame simplemente Lucifer
Necesito algo de freno
Así que si te encuentras conmigo
ten algo de cortesía
algo de compasión y buen gusto
Usa toda tu buena educación, bien aprendida,
o haré que se pudra tu alma
PARA LEER LA LETRA COMPLETA, CLICK AQUÍ

2 comentarios:

alfredo dijo...

El prestamista es una obra que surgió, inspirada a partir del ultimo cuento que escribe Fedor Dostoyevski, "La Mansa". Ese título, creo que dice bastante respecto de ciertas cuestiones que mencionás.
Es interesante lo que señalás, en relación a la obra, ampliando sus alcances mas alla de la anécdota argumental,sobre todo en relación al peso de la memoria y su mecanismo y la humanidad del mal (¿o debería decir la maldad humana?).
Me gustó ese lugar tan particular, asignado a el prestamista en lo social, coincido con eso.
Los artículos que elegís para considerar, desde las letras satánicas y su conexión "mágica", con la lectura de los fenómenos sociales, son esclarecedores y traen la temática para acá.
Gracias.
Abrazo. Alfredo Martín

carmela dijo...

No la vi, pero parece muy interesante; como me suele pasar me dan ganas de ir a verla.
¡saludos!


Soy la amiga de "Pelman", la otra actriz de la obra, pero con un seudónimo.