jueves, 4 de junio de 2009

Sobre LUISA SE ESTRELLA CONTRA SU CASA, de Ariel Farace


El sábado fui a ver LUISA SE ESTRELLA CONTRA SU CASA, de Ariel Farace al Espacio Callejón, Humahuaca 3759. Sábados 21hs


La (i)lógica de los sueños /ilación se escribe sin h
El diccionario de la lengua española define “ilación” (del latín illatio –onis) como la “acción y efecto de inferir una cosa de otra”. Es la “trabazón razonable y ordenada de las partes de un discurso” o, en estricta lógica, el “enlace o nexo del consiguiente con sus premisas”. Así, la ilación (sin hache) del discurso es orden y estrategia de nuestro pensamiento, que razona e infiere de determinadas premisas determinadas conclusiones –de determinadas causas, determinadas consecuencias–. Para morir hay que haber vivido y, sin embargo, para vivir no (necesariamente) hay que haber muerto. La lógica causal, que es la lógica de los relatos, forja su trama, como dice el poeta, en “incesante hierro”. El pasado, oscuro o luminoso, es siempre sólido y determina para bien o mal lo que vendrá. El porvenir es tan irrevocable / como el rígido ayer. El estruendo de la bala prefigura la caída del cuerpo; el disparo es su causa fatal y el tiempo el vector irrefutable que los une.


Excepto en los sueños.


En el terriblemente vívido mundo de los sueños la férrea ilación se licúa: puede avanzar, arremolinarse, retroceder. Puede la gallina engendrar a su madre y prescindir del huevo, puede un pollo comprado horas atrás en el Coto salir del horno vivo, níveo, coqueto, y picotear las cintas adhesivas que unen, en una suerte de versión escénica de “La science des rêves”[1], las cajas de cartón que erigen una casa. Puede la causa provenir de la consecuencia, el muerto morir a la muerte. En parte porque siempre le creeremos a Shakespeare (estamos hechos de la misma materia de los sueños), en parte por la belleza que suele devenir del procedimiento de una illatio invertida, y también porque la imaginación que puede soñar es la misma que puede recordar y puede relatar, las piezas oníricas bien construidas son bienvenidas y agradecidas. Una vez más, como dijo el poeta (y donde dice “Dios”, por esta vez, léase The Sandman, o Morfeo):


El camino es fatal como la flecha / pero en las grietas está Dios, que acecha.


Síntesis argumental
Una mujer cuya casa se abre reitera una y otra vez su ritual de duelo desplazado –ir al Coto, comprar un Ódex que deviene antropomórfico por la naturaleza onírica del discurso, cocinar un pollo al horno que cobra vida– y soporta y reinicia (una y otra vez) la pérdida de un ser, en apariencia, querido.


La religión de Luisa Estrella
La pieza adquiere la forma y por momentos el tono de un mantra, o de una letanía. La reiteración monocorde implica religiosamente una invocación, una adoración, una alabanza, una súplica. Este halo religioso, mal que nos pese, conviene al ritual del duelo. La obra es consciente; su protagonista comenta, monótona y repetitiva y como si se tratara de un exterior del todo imposible, que la guitarra del vecino es monótona, repetitiva. La propia estructura tonal del discurso del personaje, y tal vez de la propia actriz –cuya composición de la Albina comentada en este blog[2] se le asemeja, y mucho, en el modo de “contar”– insiste en esta liturgia: todo lo que puede decirse y callarse se somete a la misma cadencia. La obra, una vez más, es consciente: lo que el Ódex o el hombre del casco comentan como pensamiento curioso, Luisa lo retoma, textualmente, pero transformado en sentencia.


La forma general es la moderna forma urbana del milenio: una mujer joven mira absorta a público mirando en realidad otra cosa, y recorre la huella de la tradición –matriz Open House, remisión Lola Arias–, dice lo que hay para decir, lo que le es dicho, con afectación contenida, recitando.


Eternos retornos
Entre el público hay un autor paradigmático de la renovación del teatro de los sesenta. Me comenta a la salida que le habría gustado que el pollo blanco saliera a saludar. Me dice: el happening se inauguró con aquella gallina degollada en escena. Yo le respondo: en este mismo escenario, quizás en el mismo exacto lugar, la gallina de Zoedipus era acorralada –algunos dijeron hipnotizada- por E.G.W[3]. El lenguaje de ese diálogo, por supuesto, fue otro; para nada literario, muchísimo más precario, tartamudo e infiltrado de error. La obra puede o no ser consciente de todas sus evocaciones, pero su acumulación (en la misma, exacta, mítica sala Espacio Callejón, el viejo Callejón de los Deseos) es expresiva, es contundente para mí. En esa misma sala vi el casco de moto de El Adolescente[4], o el personaje de Lola Arias[5] que permanece toda la obra con una bolsa de papel (como la máscara Ódex de Luisa y Farace) en la cabeza –esa obra tenía también sus músicos en vivo, su reconstrucción ritual en variaciones de los sueños, su voluntad de sentencia, “el amor es un striptease pero además…”. A la salida del espectáculo recibimos un moderado y bello texto[6] que evoca a Nino, el pollo original, muerto en una granja a causa de una epidemia de neumonía. Muerto tal vez para que se repita otra muerte animal, teatral: la del conejo Andy de aquella (esta) Open House que visitó este Callejón también[7].


Delicadeza visual
Hermosa escenografía. Mitológica y para el recuerdo, la casa de cartón del Coto, a corazón abierto, no es la de los tres chanchitos –el soplido del lobo y del tiempo no la pueden derribar.
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Este es el poema citado, completo


Para una versión del I King

El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer. No hay una cosa
que no sea una letra silenciosa
de la eterna escritura indescifrable
cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
es la senda futura y recorrida.
Nada nos dice adiós. Nada nos deja.
No te rindas. La ergástula es oscura,
la firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber un descuido, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha
pero en las grietas está Dios, que acecha.


J.L.Borges


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[1] La ciencia del sueño (en España), Soñando despierto (en Argentina, 2006): película franco italiana dirigida por Michel Gondry y protagonizada por Gael García Bernal, que mezcla la técnica stop motion con la filmación tradicional, y cuya trama alterna el relato convencional con una "comedia de los sueños", plagada de escenarios de cartón y texturas plásticas.
[2] click aquí para leer la reseña de ALBINA, de Mónica Salerno
[3] Emilio García Wehbi, si mi recuerdo no miente. En la obra Zoedipus del mítico grupo Periférico de Objetos.
[4] La obra de Federico León, estrenada en el teatro San Martín en 2003, hizo temporada en el Callejón en 2004
[5] En su obra El amor es un francotirador, estrenada en el C.C.R.Rojas en 2006 –y que hizo funciones en el Espacio Callejón en 2007 y 2008.
[6] A cargo de la escritora y ex asistente de la obra, María Laura Meradi
[7] Open House, de Daniel Veronese, estrenada en el Camarín de las Musas en 2001, hizo funciones en el Espacio Callejón desde 2002 hasta 2007.

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