viernes, 4 de septiembre de 2009

Sobre ALA DE CRIADOS, de Mauricio Kartun

El viernes fui a ver ALA DE CRIADOS, de Mauricio Kartun, al Teatro del Pueblo (Roque Sáenz Peña 943). Funciones viernes 21 hs, sábados 22 hs y domingos 20 hs.


¿Cómo sonaba el Latín de Marco Aurelio?
Cierta área de la historia de las lenguas se organiza sobre una distinción metafórica: lenguas vivas, lenguas muertas. La idea de “vida” de las lenguas provendría a la vez de un rasgo propio –su constante mutación, su movimiento, su fijación artificial, el hecho de que en algún momento caemos en la cuenta de que ya nadie habla ese idioma– y de un rasgo contiguo, de contagio: el hecho insoslayable de que son personas (vivas) las que ejercen el habla y la escritura. La “vida” de una lengua proviene y es, en definitiva, la vida misma de las personas que la hablan.

¿Qué sucede cuando las personas que la hablaban ya no están? Hasta un período muy reciente de la historia de la humanidad, los recursos de registro del habla eran precarios, puesto que estaban también regidos por las leyes de la mutación; incluso (o sobre todo) la escritura alfabética, a pesar de la apariencia de reproducción fonética, no es capaz de fijar los sonidos reales a lo largo de las décadas y centurias. ¿Quién podría afirmar a ciencia cierta cómo pronunciaba el General José de San Martín la palabra “lluvia”? (Yo mismo no tengo idea de si trataba a doña Remedios de Escalada en la intimidad de tú, de vos o de usted, aunque tengo ciertas sospechas de que un militar formado en el ejército español de las guerras napoleónicas tendría cierta tendencia a pronunciar la “z” a lo castizo).

El otro recurso para el registro del habla era la tradición literaria (sobre todo la poética y la teatral, por sus características orales). Hablo de la tradición (de la reiteración de un ritual, de la transmisión de generación en generación) como de esa potencia conservadora que podría “fijar” ciertas formas; no obstante, éstas formas ya estarían sujetas desde el principio a los géneros de representación que las modelaron. La “gauchesca”, por ejemplo, ese modo letrado de reproducir o representar el habla del hombre de campo del siglo diecinueve, es poesía culta: en ella, como se sabe, el gaucho está condenado de nacimiento a hablar en verso. Un género mucho más cercano en el tiempo, que ya coexiste en su epígono con la “era de la reproducción técnica” de la oralidad, el sainete criollo, reproducía el habla de la babel inmigratoria del Buenos Aires del 900; sin embargo, como hemos visto en este blog (sobre los actores y el sainete/grotesco criollos, click aquí), aquello que era imitativo del habla circundante (y a la vez “estilizado” por el género, con sus exageraciones y tipificaciones escénicas) con el correr del siglo pasado fue siendo cada vez más nostálgico hasta pasar al siglo actual como lengua muerta: ya no existen ni el tipo urbano referido ni su cocoliche, y pocos quedan aún que lo hayan visto y lo recuerden. De allí las dificultades de los actores actuales de representar las obras de ese corpus sin las fuentes vivas de indagación creativa de sus personajes.

Universo Kartun, galaxia 19
Si entre los múltiples rasgos destacados de las obras del dramaturgo y maestro de dramaturgos Mauricio Kartun hay uno que sobresale por su singularidad en nuestro medio, es su capacidad de producir/reproducir con extrema verosimilitud el habla de personajes de otras épocas. En su obra anterior, El niño argentino, desde el doble rol de autor y director Mauricio acometía –secundado por Mike Amigorena, Osqui Guzmán y María Inés Sancerni– un osado lance: escribir y representar, en pleno siglo XXI, una obra en verso “argentino” que tuviera el acento natural de los registros (tradicionales) del habla y literatura de la oligarquía vernácula y su servidumbre (y para que el asombro fuera completo, en la obra asomaba el hocico una vaca…). Su última obra, Ala de criados, pertenece al mismo “universo” (la gran región lingüística de la Argentina del 900), pero sus coordenadas de tiempo y espacio se definen aquí con total precisión:

Mar del Plata, Semana Trágica.

Es decir, el exclusivo lugar de veraneo de la clase alta de principios del siglo veinte. Es decir, los diez días de huelgas y revuelta social en Buenos Aires –esta locación/dislocación no es un detalle menor en Ala de criados, cuya acción transcurre en el distante balneario–, los días que van desde el 7 al 17 de enero de 1919, durante los que se sucedieron combates entre obreros y grupos paramilitares hasta la final intervención del ejército.

Fiel a los lineamientos esenciales de su poética, Kartun condensa el tiempo y el espacio evocados en imagen singular: Mar del Plata albergaba por entonces al “Pigeon Club”, un club de tiro a la paloma en el que los ricos y ociosos veraneantes se entretenían disparándole a palomas arrojadas al aire por un lanzador…

Una síntesis argumental
Mar del Plata, verano del 19. Debido a la formación de la “Liga Patriótica”, la organización paramilitar que se alistó contra los huelguistas, el “Pigeon Club” está vacío de municiones y de armas (y de tiradores, por supuesto), y las miles de palomas destinadas a la muerte recreativa agonizan en el calor sofocante de sus jaulas. En la desolación distante del ojo de la tormenta Pancho, un cuentapropista que provisoriamente se aloja en el “Ala de criados”, trabará relación con Tatana y sus primos, pitucos y pusilánimes ,refugiados a prudente distancia de la revuelta civil.

Estamos hechos de la misma materia que las lenguas
Ala de criados es, entre muchas cosas, una reflexión política sobre el relato, la poesía y la metáfora. Tatana, escritora y narradora “marco” del relato de la obra –enunciada a modo de diario personal y literario– enarbola su ideología anti-metáfora, anti-poética, como ingenua bandera que los eventos (o más precisamente, el relato que organizará los eventos que se sucedan en esta periferia paródica de la semana trágica) se encargarán de derribar.

La cronología no es ingenua; todo en Ala de criados es huella ideológica, signo pensado y construido. 1919 es no sólo un hito de la revuelta social, de la incipiente formación del proletariado[1] en las urbes cosmopolitas repletas de inmigrantes, mal digeridas por la tradición y el nacionalismo del modelo agroexportador que hasta entonces sólo tuvo peones de campo y patrones de estancia; es también la fecha-marco del nacimiento de la “clase media” argentina, que insuflará su propia identidad a las largas generaciones del siglo que comenzaba. No es casual, como nada en la obra, que el protagonista no sea un criado, aunque duerma en las habitaciones[2] de la servidumbre, sino un “cuentapropista”, un pequeño comerciante de La Plata, la ciudad sin historia.

Lo nuevo, lo incipiente, lo amorfo, en combate con lo viejo, lo tradicional, lo fijo. Como en la evolución de las lenguas, lo nuevo, lo amorfo, lo incipiente, no tiene nombre, su nombre se forma en el combate. El Tata, el gran patrón oligarca de la obra (mundo entero que él abarca, cierra y quizás aplasta con el velo de su ausencia), tiene palabras para todo. Suele repetirse, casi como leiv motif, que tal o cual frase (es decir, tal o cual pensamiento, es decir, tal o cual realidad organizada por el discurso) es “muy de Tata”, es lo que dice Tata –es decir, es la verdad-. Su lenguaje equivale, hasta el momento, el lenguaje del poder.

El recorrido, el drama, de Ala de criados es lingüístico. De la antimetáfora a la poesía -en el ala femenina de la obra-. Del debido respeto al grito inútil (¿inútil?) de la clase social naciente, desplazada y ahogada –en el ala masculina–.

Estar en cuerpo
Ala de criados
se enmarca en un relato del género diario íntimo y, por lo tanto, gusta de la detención, de la reflexión introspectiva, del asombro personal. La obra misma es un relato diferido, y su locación es evocada. Llama la atención, entre sus hallazgos lingüísticos –el aire de reconstrucción del habla de época es insuperable–, la capacidad de metáfora que esas figuras del lenguaje alguna vez vitales –alguna vez fósiles y luego olvidadas–, cobran aquí y ahora, en su reconstrucción teatral. Dice el cuentapropista al aparecer en short de baño y sin camiseta delante de la dama, tras las rocas del acantilado: “disculpe, estoy en cuerpo”.

Palomas rojas y caballos muertos
Los relatos se cuelan una y otra vez en la dilación del avance de la trama. En este sentido, la obra es insistente, aunque no enfática. Rodea, abundante de relatos paralelos, el núcleo político del relato principal, aquel que no se puede decir. No está en los intereses de clase matar caballos ni toninas, pero esas desalmadas masacres devienen símbolos desplazados de la masacre humana que ocurre en la capital. El eco de las matanzas de la Liga se alcanza a oír, y también, el doloroso resabio de la utopía ácrata cuyo destino, vista a un siglo de distancia, no difiere mucho del destino que le auguran sus imágenes: feroces palomas pintadas de rojo que no se reconocen entre sí…

Apostillas del decir

Kartun network 1
Subimos con Carolina las escaleras de salida del Teatro del Pueblo. Nos sigue una pareja de viejitos, parte del público. Él, a pesar del esfuerzo físico, enuncia su dictamen con voz sonora: “¡cuántas cosas tiene para decir este señor!”.

Kartun network 2
Para emoción de nuestros oídos, un trío de señoras (mayores) se había adelantado por la vereda. Persiguiendo un taxi, Caro y yo las sobrepasamos justo cuando la del medio enfatiza: “mucha, mucha, mucha explicación”.

Grupo Kartun (o el Apolo engrupido)
Casi genuflexo, en el pasillo de entrada de la sala D del Kónex (ensayo general de Rosa Mística[3]), saludo al maestro y le digo: “¡Qué maravilla la reconstrucción del lenguaje, Mauricio, ¿cómo hiciste? Sos un capo”.
El gran Kartun sonríe, sabiendo –junándola–, y me tranquiliza mintiéndome: “no creas”, me dice, “hay mucho inventado”.
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[1] La obra comprende (y expone) que la formación de estas clases sociales, como la formación de un drama, es producto de un conflicto.
[2] Cito el programa de mano. Ala de criados: dependencias de servicio de las viejas mansiones. Habituales también en hoteles y clubes.
[3] Rosa Mística, próxima reseña de este blog, se estrenó ayer y hará funciones todos los jueves a las 21. Más info, click aquí

3 comentarios:

Roberto dijo...

Querido Ignacio: sin ánimo de hacerme el petulante, te digo que lo que te respondió Kartun es acertado. El lenguaje de Ala de criados no es exactamente una reconstrucción, sino que guardando la música de la época hay mucho, pero mucho, de invención. Para mí, el gran mérito. Un abrazo.

Roberto Perinelli

hbgestionyproducciondearte dijo...

hola ignacio
soy hernán casabella
productor ejecutivo de la imagen fue un fusil llorando,
texto, direccion y puresta en escena de julio molina
estamos en la carbonera todos los viernes hasta el 11 de dicembre a las 22hs
cuando gustes sera un placer recibirte
muchas gracias y un abrazo

Anónimo dijo...

Hola Ignacio: Muy buena reseña! generalmente las leo antes de ver algunas obras, pero esta vez fue al revés y me dio pena porque me hubiera gustado prestar atención a ciertos detalles que mencionás.
Un abrazo y nos vemos pronto en Postparto.
Eliana Madera